Ciencias Sociales

Ceremonia de distinción a Marcos Supervielle, Susana Mallo y Diego Piñeiro

emeritos

Marcos Supervielle, Susana Mallo y Diego Piñeiro recibiron el 24 de octubre el título de Profesor Emérito que otorga la Facultad de Ciencias Sociales. En la ceremonia participaron el rector, Rodrigo Arim; la decana, Carmen Midaglia y representantes de los órdenes de facultad, quienes señalaron el destacado rol de los homenajeados en sus respecivos campos académicos, pero también «con el afuera».

La ceremonia estuvo marcada por la emoción y los recuerdos de los diferentes aspectos de la trayectoria de los tres docentes. Dentro del trabajo de Piñeiro se destacó su rol en la creación del área de Ciencias Sociales en al Facultad de Agronomía y de Sociología Rural en Facultad de Ciencias Sociales, y su destacado papel como decano en dos oportunidades, 2007-2010 y 2014-2018.

En este sentido Felipe Arocena, del Orden Docente, destacó la apuesta a la descentralización de la Udelar en el interior del país realizada en su primer período, «siendo a su instancia la FCS la primera en darle aprobación a los Ciclos Iniciales Optativos». Además, fue parte de la comisión que evaluó el establecimiento de nuevas carreras en el interior y «dio impulso a la consolidación de grupos docentes en esa región», recordó, aspecto de su gestión también señalada por el rector.

Los docentes, pero también los estudiantes y egresados, representados por Ana García y Gastón Duffur, recordaron la actitud respetuosa y de escucha abierta de Piñeiro, quien nunca perdió «la mirada institucional del largo plazo».

El aporte innovador en metodología cualitativa y la gran capacidad articuladora de Supervielle estuvo entre los aspectos más mencionados por los tres órdenes, junto con su labor docente. Supervielle introdujo la solidaridad como campo de estudio de la sociología e impulsó el área de Sociología del Trabajo en el Departamento, y en 1994 puso en marcha el primer diploma sobre el tema. También tuvo un rol protagónico en el diseño de la Mestría en Sociología hacia 1996 y fue docente de Técnicas Cualitativas desde aquel entonces.

Al decir de los estudiantes, representados por Ana García, «la solidaridad para Marcos no es solo un objeto de estudio para la sociología, sino que es un valor que predicó toda su vida». Rodrigo Arim recordó, además, su destacado rol como asesor del movimiento sindical.

«Fue a través de Susana que las sucesivas generaciones nos aproximamos a conocer sobre las nuevas tendencias en la teoría social» luego de la dictadura, explicó Arocena. Se trató, según los docentes, de un marcado compromiso con la reconstrucción académica del campo de las ciencias sociales, que había perdido los vínculos con los grandes centros del pensamiento.

Desde la Asamblea General del Claustro Mallo se integró a las trasformaciones del rectorado de Rodrigo Arocena: nuevos planes de estudio, interdisciplinariedad, descentralización y vinculación con el Estado y la sociedad. En 2010 fue electa decana y tuvo un rol destacado en la implementación del Nuevo Plan de Estudios de Grado.

La encargada de Despacho del Departamento de Sociología, Verónica Filardo, fue la designada para entregar los diplomas, los que dijo «representan nuestro reconocimiento y cariño».

«El mundo es de ustedes, los jóvenes»

Al recibir el reconocimiento Mallo agradeció a los presentes, a la Udelar y a la facultad que la ayudaron a «ser mejor, a ser distinta, a tener que pensar desde otro lugar».

También dedicó unos minutos para hablarles a los estudiantes «generaciones enteras que me llenan de emoción», dijo. «A ellos les debo críticas, el afecto, el amor y sobre todo esto que trate de lograr: que la teoría fuera un camino que permitiese pensar desde otro lugar y que el mundo puede cambiar y que le mundo es de ustedes, los jóvenes. Se los he dicho a lo largo de generaciones enteras. Y efectivamente, el mundo sigue siendo de ustedes», concluyó.

«Pude hacer la carrera académica que siempre soñé»

Piñeiro, a su turno, recordó su origen argentino y lo bien que lo recibieron los uruguayos en 1977. Se definió como ingeniero agrónomo por inducción paterna y sociólogo por vocación. Recordó la figura de Carlos Filgueira por abrirle la puerta del Centro de Estudios de Ciencias Sociales y permitirle comenzar su carrera, y de Alfredo Errandonea que le propuso dar cursos de sociología rural.

También contó una experiencia personal que lo marcó «para toda la vida» y lo inclinó hacia la sociología rural. En 1971, con 28 años, comenzó a trabajar como asesor de la Unión de Ligas Campesinas de Formosa, Argentina. Allí estuvo cinco años conviviendo con los campesinos. «Me enseñaron a saber esperar, a ser paciente y negociar, entre otras cosas. Quienes me acompañaron en el Decanato lo habrán sufrido», bromeó.

Al finalizar, el exdecano dijo: «pude hacer la carrera académica que siempre soñé hacer. La terminé con un doctorado en la Universidad de Rio Grande del Sur, a los 62 años».
Sobre su experiencia al frente de la FCS, la describió como «una experiencia impresionante: ser decano te exige todo lo que vos tenés, tenes que tener la cabeza, el cuerpo metido. Es muy duro pero tiene una enorme recompensa. Agradezco a los que me acompañaron en los decanatos haberme dado esa oportunidad».

La centralidad del trabajo

Superville agradeció por el mensaje de los tres órdenes, «me emocioné mucho», reconoció.

Saludó a la colectividad de la sociología del trabajo «porque hemos logrado generar un respeto en América Latina». «Creo que una explicación del prestigio es que nunca cortamos el campo de la sociología del trabajo del de la sociología en general».

Explicó que siempre fue partidario de la tesis de la centralidad del trabajo en la organización de la sociedad y de abordar ese tema desde una perspectiva cualitativa. «Estaba muy centrado en lo cuantitativo», recordó.

«El último gran esfuerzo que hice fue por introducir la sociología de la solidaridad, para repensarla. A veces siento que la Sociología perdió sus preguntas históricas: ¿cómo es posible el orden social? Es una pregunta que había que trabajarla mucho».

El otorgamiento de estos títulos honoríficos fue aprobado por unanimidad por el Consejo el 19 de setiembre a partir de la propuesta presentada por los consejeros Felipe Arocena, Anabel Rieiro y Ana Laura Rivoir, en reconocimiento de sus destacadas y prolongadas trayectorias académicas e institucionales.

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