Envejecimiento y relaciones intergeneracionales en tiempos de COVID-19

El contexto sanitario actual exige pensar qué impactos genera la pandemia por COVID-19 en las personas de tercera edad y las relaciones intergeneracionales. Los investigadores Albert Esteve y Juan A. Módenes expusieron sobre esta temática en un seminario virtual que integra un ciclo de tres encuentros, organizado por el Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales.

Con el objetivo de conocer cuáles países son los más afectados por la pandemia, de qué manera las estructuras de los hogares son determinantes a la hora de ampliar el contagio y si la vivienda protege a los mayores en América Latina, el demógrafo, investigador y actualmente director del Centro de Estudios Demográficos (CED), Albert Esteve y el doctor en Geografía y profesor en el Departamento de Geografía de la Universitat Autónoma de Barcelona e investigador en el Centro de Estudios Demográficos de la misma ciudad, Juan A. Módenes, expusieron en el seminario el pasado 30.

La actividad se llevó a cabo a las 16.30 horas a través de la plataforma virtual Zoom y sincrónicamente fue transmitida por el canal de Youtube de La Asociación Latinoamericana de Población.

Observar el fenómeno demográfico más importante

Esteve conversó de su reciente investigación «National Age and Co-residence Patterns Shape Covid-19 Vulnerability» donde participó como coautor y concordó en que el COVID-19 podría ser calificado como «el fenómeno demográfico más importante».

Es «un virus al que todos somos susceptibles de ser contagiados, no discrimina por edades», sostuvo. Sin embargo, su peligrosidad no es igual para todos, las personas mayores son mucho más vulnerables a la enfermedad. La mortalidad posee un perfil de edad muy acentuado.

Para el estudio, el investigador tomó en cuenta la demografía y las pautas de co-residencia de la base de datos IPUMS posteriores al año 2000 con la intención de conocer cuáles países serían los más vulnerables considerando que todos tuviesen un mismo impacto de la enfermedad (por ejemplo, 10% de población infectada). Se realizó una simulación para descubrir cómo ese porcentaje podría causar «más o menos muertes» en función de la estructura por edades de la población y de la que presentan los hogares.

El hogar es «un vector muy importante de transmisión», mencionó Esteve quien aclaró que se tomó en cuenta la diferenciación entre «mortalidad directa e indirecta». Mientras que la primer categoría refiere a las muertes de aquellos contagios producidos en «la calle», la segunda aplica a las muertes para los infectados dentro del hogar.

Esteve indicó que las muertes directas serán mayores en países con poblaciones envejecidas y, aquellos donde los ancianos estén más expuestos a personas jóvenes, serán más vulnerables a casos de muertes indirectas. Italia por ejemplo presenta el mismo número de muertes en ambas categorías, pero «en África aunque por infecciones en la calle morirían muy pocos, indirectamente podría ser 2 o 3 veces mayor» la relación frente a la mortalidad directa debido a la composición de los hogares.

En conclusión, para aplicar medidas efectivas contra la propagación del virus, es prudente tomar en cuenta las características demográficas de cada país así como las estructuras de co-residencia. En función a ello, puede discernirse qué sector etario es más conveniente mantener aislado o en confinamiento.

¿La vivienda protege a los mayores en América Latina?

Así se titula el trabajo reciente que Módenes presentó también en calidad de coautoría, que compara a Colombia y Argentina con España. A diferencia del país Europeo, el investigador expresó que es «difícil implementar el confinamiento en ciudades latinoamericanas donde gran parte de la población tiene que salir a buscar el sustento diario sin tener protección social». En la misma línea, a pesar de que «el confinamiento residencial sea la estrategia de defensa dominante», «muchas personas mayores no pueden confinarse solas», afirmó.

El estudio contempla algunas dimensiones del fenómeno coronavirus: el hogar, la vivienda, el trabajo o la falta de este, así como la posibilidad de teletrabajar. Se pretendió calcular un riesgo residencial frente al COVID-19 en los respectivos países. Módenes explicó que los países más envejecidos de Europa cuentan con una menor desigualdad y mayor protección de las personas mayores dado que poseen un sistema de pensiones más o menos desarrollado que contribuye a que no tengan que salir a trabajar diariamente. Los adultos de tercera edad viven solos o en parejas, tienen más autonomía residencial y sus viviendas suelen tener buenas condiciones, manifestó. El investigador dijo que a pesar de dichas apreciaciones, no pueden dejar de considerarse a los ancianos institucionalizados, quienes representan más del 50% de las muertes registradas.

América Latina, por su parte, tiene un menor envejecimiento de la población pero la gran cantidad de adultos mayores vive en grandes aglomeraciones urbanas donde el foco de contagio es más crítico. Los países latinoamericanos poseen mayor desigualdad, tanto social como residencial y laboral, la calidad de la vivienda es «bastante peor».

Los resultados arrojaron un mayor riesgo en Colombia, un riesgo intermedio en Argentina y España se posiciona con mejores resultados. Así lo muestra por ejemplo el porcentaje de población de adultos de más de 65 años de edad que trabajan. Mientras que en Colombia 27% de la población mayor debe trabajar para su sustento, en Argentina lo hace un 16% y en España, menos del 2%, que además cuenta con una buena posición económica (por ejemplo docentes universitarios que pueden ejercer hasta los 70 años). Respecto a la vivienda, en Colombia y Argentina más de 30% de los hogares vive en déficit habitacional mientras que en España el porcentaje de viviendas que no están en buenas condiciones es menos de 3%.

La cantidad de integrantes en el hogar, la calidad de la vivienda según datos de hacinamiento o de acceso a agua corriente y las posibilidades dada la actividad laboral (acceso o no al teletrabajo) fueron elementos considerados para alcanzar las conclusiones del estudio que impactaron en el nivel de riesgo de cada país.

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