El 24 de junio en la Universidad de la República (Udelar) se realizó la presentación del «Estudio nacional sobre percepciones en torno al dolor, la muerte y el suicidio». Este trabajo fue desarrollado en el marco del Programa de Salud Mental del Hospital de Clínicas (PSMHC), financiado por el Parlamento Nacional a través de la Ley de Presupuesto 2023. En la ejecución del Programa participan el Hospital de Clínicas, la Facultad de Medicina (a través de sus unidades de Psiquiatría y Psicología Médica), la Facultad de Psicología y la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar.
En la presentación expusieron el rector de la Udelar, Héctor Cancela; la docente e investigadora de Facultad de Ciencias Sociales (FCS), Mariángeles Caneiro, y el docente e investigador de la FCS, Pablo Hein. Estuvieron presentes otros y otras integrantes del equipo que llevó adelante el trabajo y autoridades de la Udelar. La actividad fue organizada por el Componente Ciencias Sociales del PSMHC, que tiene como antecedente el Grupo de Comprensión y Prevención de la Conducta Suicida de la FCS.
Udelar: responsabilidad e iniciativa frente a problemáticas complejas
Cancela destacó que el Programa de Salud Mental fue propuesto al país por la Udelar «hace ya unos años, en el marco de una Rendición de cuentas y en otras instancias el Parlamento lo aprobó y la Udelar con responsabilidad lo ha desarrollado, lo que demuestra la capacidad de iniciativa de nuestra institución de presentar propuestas que aborden las circunstancias y problemas que enfrenta Uruguay». Destacó que en las instancias nacionales de discusión presupuestal la Udelar «apunta a identificar y entender cuáles son los problemas del país y desde nuestro conocimiento, buscamos identificar lo que podemos generar, cómo podemos aportar al mejor abordaje y eventual resolución de esas problemáticas».
El rector resaltó también la importancia de este estudio, que aborda «temas particularmente pertinentes en el mundo hoy». Entiende que la cultura y la sociedad uruguaya se encuentra particularmente cerrada a reconocer y hablar de la muerte y del dolor, se olvida que estos son parte del fenómeno vital y al mismo tiempo idealiza la posibilidad de inmortalidad para los seres humanos. Añadió que esta perspectiva de alguna manera es funcional al sistema capitalista que busca promocionar y vender productos basados en la idea de vivir «siempre jóvenes y sin dificultades». «Creo que esto se refleja en cómo la prensa mira la muerte y muchas veces la convierte en un llamador, en un espectáculo, en algo que sirve para vender más», afirmó.
Hein y Caneiro explicaron que el trabajo «es un programa de largo aliento en el que la idea es poder conocer cómo piensan, cómo viven, cómo transitan las uruguayas y los uruguayos, estos fenómenos difíciles, invisibilizados o privados y hasta ocultados». Caneiro destacó la importancia de la interdisciplina, ya que el PSMHC integra docentes de diversos servicios universitarios. Resaltaron que entender estos fenómenos, como otros que son parte de la salud integral, implica la comprensión de problemáticas sociales, así como también los enfoques de compañeros y compañeras de la Facultad de Psicología y del Hospital de Clínicas.
«Existe una pauta, una matriz social de producción de cómo se enfocan estos temas que se vinculan con cómo vivimos y cómo nos vemos de alguna manera obligadas y obligados a vivir. Estamos en una sociedad que prioriza o enfatiza en todos los planos la productividad y a cualquier costo, tenemos mandatos que tienen que ver con la felicidad, con la juventud, que por supuesto nos tienen que ayudar a situar el tema en su perspectiva social y cultural, además de su aspecto sanitario», destacó Caneiro.
La docente explicó que el estudio realizado desde las ciencias sociales combina tres estrategias metodológicas para captar la complejidad del tema: por una parte, la Encuesta nacional, con 59 preguntas, sobre Percepciones sociales de la muerte, el duelo y el suicidio, que permite una aproximación cuantitativa a la percepción de la sociedad uruguaya sobre el tema y las diferencias que existen según la edad, género, zona de residencia; en segundo lugar, se formaron Grupos de discusión, algunos de ellos formados con supervivientes de muertes violentas, de suicidio, de accidentes de tránsito, de homicidio y otros grupos, con población general, para «rescatar la palabra», las experiencias y sentidos desde la perspectiva de las personas, al transitar fenómenos como la muerte y el suicidio. Por último, se realizaron análisis de los medios de comunicación para examinar cómo construyen y vehiculizan narrativas sobre estos temas. Señaló que la encuesta incluyó 1500 casos, y las preguntas se realizaron cara a cara en el domicilio de los encuestados, entretanto los grupos de discusión fueron 15 y el seguimiento de prensa abordó 115 medios. Agregó que con este trabajo «se han generado bases potentes de la información para construir datos a seguir aprovechando».
Algunos resultados
Hein resaltó algunos de los resultados que obtuvieron de la encuesta, entre ellos que, seis de cada 10 personas, priorizan el dolor emocional antes que el dolor físico; tres de cada 10 personas se sintieron con estrés, tristezas o agobios; dos de cada 10 personas de las que se sentían con agobio, acudieron a un psicólogo; y siete de cada 10 de aquellas personas que presentaron esta tristeza, esta incapacidad de pensarse en un futuro, no buscaron ayuda de ningún profesional. Otro hecho que llamó la atención de las y los investigadores fue el uso de psicofármacos, dos de cada 10 personas consumieron algún tipo de psicofármaco en el último año, un grupo de personas caracterizado por ser adultos mayores, mujeres y un nivel educativo medio; y el 3% de los encuestados consumió psicofármacos sin prescripción médica.
Con respecto a cuánto piensan sobre la muerte, en qué forma la piensan y qué sentimientos le genera esa muerte, los datos más llamativos son que las personas que se encuentran en el pico más alto de recurrencia en el pensamiento de muerte, son en su mayoría gente con un perfil definido, de izquierda, mujeres solas, viudas o solteras, y con estudios terciarios.
En lo que respecta al bloque de suicidio lo más llamativo fue que la sociedad uruguaya mantiene «fuertes y sólidas algunas creencias falsas o mitos como que el suicidio ocurre más en invierno y es más numerosos en los jóvenes», entre otras tradiciones erróneas que nosotros tratamos de combatir». Por otra parte, los investigadores propusieron a los encuestados distintas hipótesis acerca de los factores causantes del suicidio, la que obtuvo mayor apoyo fue la de los problemas psicológicos, y elegida mayoritariamente por personas de ideología de izquierda, una educación terciaria y media superior y capitalinos. Mientras tanto, el grupo que optó como factor principal causante de suicidio, la falta de apoyo del entorno familiar, aglutinó menos respuestas, y en su mayoría de gente de ideología de centro y de derecha, del interior del país, de entre 30 y 49 años de edad y con educación media básica. Por su parte aquellas respuestas que concuerdan más con los problemas financieros como causa de la problemática, en su mayoría corresponden a personas entre 50 y 64 años de edad, del interior del país, y de género masculino.
El investigador concluyó que estos hallazgos indican que a la hora de pensar los factores que determinan el suicidio, no existe un solo factor. Esto puede determinar al momento de diseñar algunas políticas o focalizaciones en torno a la prevención universal del suicidio, la necesidad de pensarlas diferencialmente, según la educación, la religión y los grupos de edades.
En el ámbito de los Grupos de discusión, el estudio encontró que «el suicidio es concebido, transversalmente en distintos grupos de edad, más que nada con una salida a un dolor o una situación o problemas que son imposibles de resolver». Para muchas personas, «es una especie de punto cúlmine de un proceso», explicó Caneiro.
Agregó que surgieron otros puntos que de alguna manera confirman suposiciones, como las diferencias de género que se observan al hablar, al tratar de gestionar con otros y otras estas problemáticas. «Los mandatos del género están fuertemente visibilizados», señaló, los diferentes grupos y personas en distintas etapas vitales entienden «que las mujeres hablan más, son más sensibles y tienen más facilidades para apoyar emocionalmente».
La docente informó que también se observaron diferencias entre jóvenes y adultos mayores en cómo se piensa y se entiende la muerte: entre los primeros, hay «una articulación mayor con situaciones de entender, sentir o procesar la muerte, sobre todo de familiares y amigos cercanos, con emociones o sentimientos que tienen que ver con la tristeza, con la sorpresa, con un hondo dolor, pero también con situaciones más bien trágicas de la palabra enfermedad». En cambio, los adultos mayores expresaron una percepción más ligada a un hecho inevitable, «a un entendimiento, en algunos casos más resignado, pero también más meditado sobre lo que significa la muerte en el marco de la vida».
Respecto a las concepciones acerca de la salud mental y su situación en nuestro país en los grupos de discusión, «hay una permanente referencia a las faltas o a las carencias que rodean a la situación de salud mental en términos de atención, pero también al estado de de la salud mental de la población», agregó Carneiro.
En el eje del análisis de la narrativa en medios de comunicación, se consideraron cuatro módulos: el dolor, el duelo, la muerte y el suicidio, indicó Hein. En este estudio se observó que en la televisión predomina «la idea de muerte como suceso», que sigue presente por varios días, tanto en el caso de homicidios como de accidentes, señaló; al cubrir estos sucesos, los informativos centrales de TV dedican más tiempo a lo relacionado con el cuerpo, la muerte o la policía. En radio, se da un debate «que permite un poco más la reflexión y algo más preventivo, pero muy tímidamente», aparecen conceptos como el dolor, la salud mental y la vida, mientras que la prensa digital está más centrada en la inmediatez y en el impacto, explicó, los portales se enfocan en mayor medida en la muerte y muy poco en el duelo, el dolor y el suicidio.
Posibles acciones a futuro
En torno a las temáticas del estudio, Hein planteó algunas reflexiones generales sobre posibles acciones a futuro, como la educación emocional, la formación docente para la detección temprana de personas que necesitan apoyo, la mejora en el acceso a la salud, la aplicación de protocolos de prevención. No solo es necesario trabajar en prevención con los sobrevivientes, sino con ellos para toda la sociedad, con abordajes más comunitarios con la idea de «romper el individualismo y fortalecer las redes, hablar, encontrarse y desestigmatizar». Señaló tres ámbitos comunitarios que deberían priorizarse: el de la salud, más allá de los hospitales, el de la educación, más allá de los centros de estudio, y el del trabajo.
Respecto a la atención en salud, informó que «siete de cada 10 personas con tristeza se sienten incapacitadas para pedir consulta o acudir a un profesional», por eso «también hay que reducir ese estigma de que pedir ayuda no necesariamente encierra más cosas». Asimismo es necesario reducir las barreras económicas y el camino cuesta arriba en el sistema de salud, sostuvo. En el sistema educativo, deberíamos institucionalizar un poco más la educación emocional y capacitar a las y los docentes, no solo para detectar alertas sino también en los saberes de participación, el respeto y la comprensión de los problemas.
En el mundo laboral, deberíamos pensar «en los malestares que puede generar el trabajo antes de que lo generen», señaló Hein, porque en Uruguay se suicidan trabajadores de todos los ámbitos y sectores de actividad.
En cuanto a la comunicación sobre la muerte, Hein señaló que debería enfocarse más en la prevención, con responsabilidad, rigor y respeto. Por su parte, el Estado puede aportar a afrontar las problemáticas de la muerte, el suicidio y el dolor mejorando la coordinación y cooperación entre las instituciones, destacó el docente. «La muerte, el dolor, la salud mental y el suicidio también es una responsabilidad social y cultural. El sufrimiento no reconoce fronteras disciplinares ni institucionales»; está presente en nuestros centros de estudio, de trabajo, en los ámbitos familiares, entre nuestros vecinos, enfatizó.
Informe: Análisis de la cobertura de prensa sobre el dolor, la muerte y el suicidio
Informe: Primera Encuesta Nacional sobre Percepciones Sociales de la Muerte, el Duelo y el Suicidio
Informe: Cuando la palabra importa: sufrimientos colectivos
Nota: https://udelar.edu.uy

